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El pasado Martes 29 de noviembre tuve el gusto de asistir a la presentación, por parte de sus lectores, del libro “Los trapos sucios” de Anjel Lertxundi. Esta manera de compartir un libro con el público es una fórmula dentro de la FIL que consiste en dar la palabra a personas que hayan leído el libro para que den sus impresiones. Son impresiones positivas, al parecer el punto no es generar debate.
En líneas generales el libro tiene un protagonista que durante su infancia y adolescencia vive en el País Vasco en tiempos de la dictadura franquista. Su padre trabaja para el régimen y comulga con él. En su juventud, de forma fortuita el protagonista le hace un favor, no muy convencido, a una joven organización llamada ETA. Posteriormente abandona su país y veinte años después regresa para hacer memoria con su padre, pero a medida que el protagonista la recupera el padre la pierde debido a una enfermedad.
Me parece que es un libro interesante porque contiene elementos históricos. A la vez viene a acrecentar la literatura relacionada con el franquismo y con ETA. Pero sobretodo me parece interesante porque plantea, independientemente de todo el contexto del protagonista, lo inevitable y necesario de una introspección en caso de querer avanzar en el nivel de conciencia.
Además de los lectores había también un presentador que daba los turnos de palabra y hacía preguntas al autor. Un par de preguntas se refirieron a como conseguir que una novela con un argumento tan local pudiera ser universal al grado de que cruzara el charco sin problemas. El autor citó al escritor Manuel Torga para responder estas cuestiones quien dijo: “Lo universal es lo particular sin paredes”.
La verdad es que entré a esta charla porque me gustó el título del libro, “Los trapos sucios”, mentalmente, como supongo muchos de ustedes, complete la frase con su correspondiente: “se lavan en casa”. También pensé que el libro tendría que ver con ETA porque el autor era Vasco, porque hablaba de unos trapos sucios y, también lo pensé, porque ETA vende, así como vende el holocausto judío, la guerra civil española, el narcotráfico, la mafia; en fin, parte morbo, parte curiosidad, parte entretenimiento pero son temas que por vergonzosos u horribles que puedan llegar a ser son populares.
Hace no mucho tiempo, a raíz del atentado ocurrido en el casino royal en Monterrey relacionado con el narcotráfico, comencé a pensar en las similitudes que podría tener un atentado de este tipo con uno de ETA.
A bote pronto las diferencias son muy obvias, los atentados de ETA son basados en una ideología, hay intenciones políticas y sociales detrás y buscan conseguir la independencia de un País. En cambio, los atentados perpetuados por los narcotráficantes carecen de un ideario, de intelectuales, no luchan por la independencia de ningún país y sobretodo no buscan que un pueblo deje de estar oprimido (siempre según el planteamiento de ETA, a mi no me consta nada del pueblo Vasco).
Otra diferencia abismal entre un tipo de atentado y otro son los ejecutores, mientras que la mayoría de los etarras son individuos con matices intelectuales (independientemente de su muy rechazable forma de proceder, no hay que negar que han leído), la gran gran mayoría de los sickarios (así, como de sick) son individuos ignorantes. Lo demuestran las declaraciones de los autores del atentado en Monterrey entrevistados días después. Ellos afirmaron que su intención no era ocasionar un incendio de esas dimensiones ni matar a tanta gente, que se les fue de las manos.
Lo peor de todo es que les creo, porque todo ocurre dentro de la cultura del “ahí se va” del “ahí más o menos” e independientemente de los motivos detrás de cada tipo de atentado, el punto es que generan terror y sufrimiento entre la población civil y también trapos sucios.
Al terminar las rondas de opiniones de los lectores y las intervenciones de Anjel Lertxundi tuve la oportunidad de hacerle una pregunta al autor. Me interesaba realmente su opinión porque tal parece que ETA ha abandonado definitivamente la lucha armada para conseguir sus objetivos por lo que se entiende que para el pueblo Vasco ha sido un triunfo. Dado que ambos países conocemos lo que es el terror, quería saber como consideraba él que ETA había llegado al abandono de la lucha armada, si atribuía esta acción al Ministerio del Interior de España, o sea a la policía, o bien si era un triunfo de la sociedad.
Anjel Lertxundi respondió lo que francamente deseaba escuchar. Para él, las soluciones policiales difícilmente arreglan los problemas sociales y considera que el fin de la violencia vino del hartazgo de la sociedad que si no se hubiese movilizado y dicho “basta ya”, difícilmente ETA hubiera terminado como ha terminado.
Digo que el autor respondió lo que quería escuchar porque debe quedar muy claro que independientemente de estar a favor o en contra de la estrategia de Calderón para acabar con el narcotráfico, los protagonistas de esta historia somos nosotros, la población civil, porque somos los que ponemos los muertos y somos los que permitimos que todo esto ocurra, ¿Cómo? por un lado consumiendo drogas provenientes de mafias y por otro, tolerando la corrupción, solapando conductas en nuestros círculos sociales o en nosotros mismos como sobornos o abusos de poder cuando se tienen puestos dentro de gobierno, sólo por mencionar un par de ejemplos.
Así que me queda claro que los trapos sucios se lavan en casa no por la vergüenza que pueda ocasionar el exhibirlos a foráneos sino porque sólo “los de casa” sabemos como lavarlos y sobretodo porque somos nosotros los que los usamos. Sólo a “los de casa” nos interesa realmente que estén limpios porque somos nosotros quienes nos tenemos que tragar el olor a podredumbre día con día. Y sí, a nadie nos gusta meter la mano a la inmundicia, pero no hace falta meterla más allá de nuestro alcance, basta realmente que trabajemos en nuestro cotidianidad, que seamos buenos ciudadanos, que sepamos que todas y cada una de nuestras acciones nos permiten caminar con la frente en alto.